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¿Cuál es el nombre científico más corto? ¿Y el más largo?

Hay animales cuyo nombre solo tiene cuatro letras, mientras que el nombre científico de una bacteria hallada en Gales se compone de más de 70 letras.

Según el libro del Génesis 2, 18-20, Yahvé, después de crear al primer hombre, puso ante él a todos los animales, para que les pusiera nombre.


[…]Yavhé entonces formó de la tierra todos los animales del campo y todas las aves del cielo, y los llevó ante el hombre para que les pusiera nombre. Y cada ser viviente había de llamarse como el hombre lo había llamado.

El hombre puso nombre a todos los animales, a las aves del cielo y a las fieras salvajes[…]

Mitologías al margen, lo cierto es que el ser humano ha puesto nombre a los animales y a las plantas, probablemente desde que emplea el lenguaje hablado.

Sin embargo, como en el mito de la Torre de Babel, cada idioma usa un nombre distinto para cada especie: ‘caballo’ es horse en inglés, zaldi en euskera, żiemel en maltés, farasi en suajili o M̂ā en tailandés. Además, en ocasiones un mismo nombre puede designar, en el mismo idioma, a varios animales radicalmente distintos: ‘langosta’ es a la vez un crustáceo y un tipo de saltamontes.

Un sistema para designarlos a todos

Para solucionar este entuerto, el naturalista sueco Carl Nilsson Linnæus, también conocido como Carl von Linné, desarrolló un sistema que facilitaba la designación de las especies independientemente del idioma hablado: la nomenclatura binomial, que establece para cada especie un nombre científico compuesto por dos palabras: la primera, designa el género y se escribe siempre con la inicial mayúscula; la segunda es el epíteto específico, y va en minúscula.

Además, la escritura de un nombre científico debe cumplir ciertas normas. En primer lugar, emplear siempre el alfabeto latino, sin tildes; el nombre debe ser pronunciable siguiendo las normas gramaticales del latín, y siempre diferenciarlo de algún modo, generalmente, empleando la cursiva.

Aparte de estos requisitos, cada científico, como el mítico Adán, tiene relativa libertad para poner el nombre que desee a las especies que descubre. Con frecuencia, los nombres hacen referencia a comportamientos o hábitats, aunque también pueden dedicarse a personas o lugares.

Este sistema es inequívoco: el saltamontes que llamamos ‘langosta’ es Locusta migratoria; mientras que el crustáceo del mismo nombre es Palinurus elephas. Y además, sistematiza la designación de las especies y facilita la comunicación, independientemente del idioma del hablante: el caballo es Equus caballus, tanto para un hispanohablante como para un tailandés.

Los nombres científicos más cortos

Dado que no hay un límite reglamentario para establecer nombres cortos, más allá de que sean pronunciables, hay científicos que han nombrado a sus descubrimientos con nombres científicos extraordinariamente cortos. El mínimo hipotético sería de dos letras, una para el género y otra para la especie, y necesariamente deberían ser vocales —no es pronunciable una consonante aislada en latín—. No obstante, no parece muy adecuado llamar a una especie ‘A o’, por lo que estas fórmulas se evitan.

Hay especies cuyo nombre tiene solo seis letras, normalmente, tres letras para el género y tres para la especie. Son los casos de Poa fax, una gramínea australiana, o la araña Gea eff. Algunas tienen cuatro letras en una de las partículas y solo dos en la otra, como la mariposa Ge geta o el escarabajo carábido Agra ce.

Aún más cortos son Foa fo, que por el momento es el pez con el nombre más corto del mundo, o la avispa Aha ha. Pero aún existen nombres más cortos.

Los dos nombres científicos más cortos constan solo de cuatro letras; dos para el nombre genérico y dos para el específico. Ambos nombres designan animales, y ambos presentan una curiosa característica común en su morfología: alas membranosas que se extienden por los dedos; aunque pertenecen a grupos drásticamente distintos. Uno es un dinosaurio scansoriopterígido del Jurásico, de nombre científico Yi qi. El otro es un murciélago gigante del sudeste asiático cuyo nombre está compuesto solo por vocales: Ia io.

392-nombres-cientificos-Parastra ALT: Parastratiosphecomyia stratiosphecomyioides. PIE: La mosca ‘Parastratiosphecomyia stratiosphecomyioides’ es el animal con nombre científico aceptado más largo… pero hay seres vivos que la superan. - (Woodley, 2012)

Los más largos

Así como hay seres vivos con nombres extraordinariamente cortos, los hay con nombres insólitamente largos, que suponen todo un reto para su memorización y su pronunciación. De hecho, para estos casos, la norma de que sea ‘pronunciable’ parece haberse aplicado de forma bastante laxa.

El animal con el nombre científico aceptado más largo es una mosca nativa de Tailandia, descrita por Enrico Brunetti en 1923: Parastratiosphecomyia stratiosphecomyioides. 42 letras, nada menos.

Pero aún se han intentado poner nombres más largos.

Durante la década de 1920, el naturalista polaco Benedykt Dybowski, en sus estudios en el lago Baikal, descubrió varias especies nuevas de crustáceo, que fueron designadas con nombres tan extravagantes como Rhodophthalmokytodermogammarus cinnamomeus, con 41 letras, Siemienkiewicziechinogammarus siemenkiewitschii, con 46, y la más larga, Gammaracanthuskytodermogammarus loricatobaicalensis, de 50 letras. Pero la Comisión Internacional de Nomenclatura Zoológica consideró que no existía una buena justificación para semejantes nombres tan descomunales e impronunciables, y fueron rechazados bajo el argumento de que «su aceptación produciría más confusión que uniformidad». La mosca de Brunetti sigue siendo, a día de hoy, el animal con el nombre más largo del mundo.

Pero hay más seres vivos en el mundo, aparte de los animales.

A finales de la década de 1950, el paleontólogo ruso Boris Timofeev describió varias especies de fósiles acritarcos bajo el género Archaeohystrichosphaeridium, todos ellos insólitamente largos. El nombre más representativo fue A. contortuplicatum, de 44 letras. Sin embargo, la descripción que Timofeev hizo del género no cumplía con los requisitos, y actualmente estos nombres no se consideran válidos. Tuvo el mismo problema que Dybowski. Para establecer un nombre realmente largo se necesita, por lo tanto, una muy buena justificación.

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