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"Top Gun: Maverick": electrizante nostalgia en el aire

Tom Cruise, convertido en un dios de la taquilla, se enfunda de nuevo en la chaqueta de cuero y se monta en la moto para rebasar en los despegues a los aviones.


Más de tres décadas después, Pete Mitchell ha terminado con su glorioso servicio como piloto de combate de la Marina de los Estados Unidos. Sin embargo, sus superiores le ordenan que regrese a la academia de donde emergió, para convertirse en leyenda. Aunque esta vez le piden que enseñe a volar a los nuevos reclutas.


Top Gun: Maverick (Top Gun: Maverick, 2022) es una electrizante cinta hecha únicamente para el entretenimiento y la delicia de ver espectaculares coreografías de aviones supersónicos en acrobacias imposibles. Es como una calca en la estructura dramática de la cinta predecesora de 1986 y aunque el director de ésta, Joseph Kosinski no alcanza las alturas del maestro Tony Scott, hace un muy buen trabajo detrás de la cámara para conducir el show.


Tom Cruise, convertido en un dios de la taquilla, se enfunda de nuevo en la chaqueta de cuero y se monta en la moto para rebasar en los despegues a los aviones. Aunque los chicos, arrogantes como él lo fue, lo ven como un vejestorio, sigue siendo el mismo renegado que se negó a envejecer, que rompía las reglas, conquistaba a la chica bella y volaba como un meteoro.


Toda la historia se concentra en ver al solitario rebelde sin causa, que tiene una vida perfecta, con un pasado que lo convirtió en un ser mitológico en el mundo de la aviación. Ni él sabe por qué nunca obtuvo rango de jefe, cuando, por habilidades, pudo haber sido el que los comandaba a todos. En lugar de eso, Maverick anda por aquí y por allá surcando los cielos del mundo, por la aventura de defender al país en un avión supersónico. Sus alumnos lo aman, los superiores lo admiran en silencio y parece tener las respuestas para todo.


La anécdota es mínima, aunque da permiso para presenciar una ópera rock, en la que lo acompaña una nueva generación de estudiantes, todos guapos y arrojados, interpretados por Milles Teller, Glenn Powell, Monica Barbaro, Lewis Pullman, Kara Wang, Danny Ramírez, que tienen que prepararse para una misión relámpago, casi suicida. Por disposición de su majestad Cruise, productor y jefe del proyecto cinematográfico, no hubo escenas generadas por computadora, por lo que todos montaron en las naves, volaron, y se sometieron a las brutales fuerzas de presión que experimentan los verdaderos pilotos.


Como es una historia hecha para entretener se evitaron las complicaciones políticas, y el país donde van a atacar ni siquiera es mencionado por su nombre. Pero no importa, porque estos muchachos, guiados por el macho alfa, deberán entrar y salir en un ataque que neutralizará una planta nuclear desde la que, esperadamente, es amenazada la democracia y el mundo libre.


Con Kelly McGillis jubilada y avejentada, el antiguo amor de Maverick, que enciende otra vez la chispa, es Jennifer Connelly de belleza imperecedera, y que le aporta a la historia la misma utilidad que un jarrón de flores, con una bella apariencia, con escasas líneas. Lo que hace mejor es darle la oportunidad al galán de demostrar que sus dotes de seductor están intactos.


A la mitad de la historia hay una conmovedora escena, entregada directamente al corazón de los fans, en la que se reúnen Maverick y Iceman. Cruise tiene un encuentro breve con Val Kilmer, retirado de la actuación por un problema severo de garganta que le impide hablar. Aunque aquí, deteriorado y lento, se ve voluntarioso y comprometido con el proyecto para sacar adelante con dignidad el pasaje.


La travesía es de nostalgia pura con electrizantes escenas de acción en el aire. Todos están invitados a subir a la cabina de la aeronave de destrucción que, manejada por el experto Maverick, proporciona un viaje maravilloso hacia una cinta clásica del entretenimiento, que regresa para encantar a los jóvenes.

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